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La seguridad y la higiene en el trabajo farmacéutico son fundamentales para garantizar la protección del personal, la calidad de los productos y la confianza de los clientes.
El entorno de una farmacia presenta riesgos físicos, químicos y biológicos, por lo que es imprescindible mantener condiciones controladas y cumplir con las normas sanitarias vigentes.
La seguridad laboral se basa en la prevención de accidentes y la protección frente a los riesgos derivados del trabajo.
En el contexto farmacéutico, implica el uso adecuado de equipos, el cumplimiento de procedimientos estandarizados y la identificación de peligros en el entorno.
Los objetivos son claros: prevenir accidentes, reducir la exposición a contaminantes y mantener el orden en las áreas de trabajo.
La higiene laboral busca prevenir enfermedades profesionales mediante la limpieza y el control ambiental.
Incluye acciones como desinfección regular, ventilación adecuada y eliminación correcta de desechos.
Un entorno limpio no solo previene la contaminación cruzada, sino que también mejora la calidad del servicio y el bienestar del personal.
El asistente de farmacia puede enfrentarse a diferentes tipos de riesgos:
Biológicos: exposición a microorganismos o fluidos contaminados.
Químicos: manipulación de fármacos, disolventes o desinfectantes.
Ergonómicos: posturas inadecuadas o movimientos repetitivos.
Físicos: caídas, cortes, quemaduras o exposición eléctrica.
Reconocer y prevenir estos riesgos es parte esencial del trabajo profesional.
El uso del EPP es obligatorio en toda actividad de riesgo.
Guantes, mascarillas, delantales, gafas de seguridad y calzado cerrado son elementos esenciales.
El asistente debe mantenerlos en buen estado, utilizarlos correctamente y reemplazarlos cuando sea necesario.
Su uso constante reduce la probabilidad de accidentes y exposición a agentes nocivos.
El manejo de medicamentos exige condiciones higiénicas estrictas.
Debe evitarse el contacto directo con las sustancias, el consumo de alimentos en el área de trabajo y la manipulación simultánea de productos incompatibles.
Los derrames deben limpiarse de inmediato, y todo producto alterado o dañado debe aislarse y notificarse al químico farmacéutico.
Un almacenamiento adecuado mantiene la eficacia de los medicamentos y previene accidentes.
Se debe:
Clasificar los productos por tipo y riesgo.
Evitar la sobrecarga de estanterías.
Controlar temperatura, humedad y ventilación.
Mantener registro de ingresos, vencimientos y salidas.
El orden en el almacenamiento es una medida preventiva esencial.
Los residuos farmacéuticos deben clasificarse correctamente:
No peligrosos: empaques y materiales reciclables.
Peligrosos: medicamentos vencidos, restos químicos o materiales contaminados.
Estos últimos deben depositarse en contenedores especiales y no mezclarse con residuos domésticos.
El asistente debe informar a los clientes sobre los puntos de recolección y nunca desechar medicamentos al basurero común.
El trabajo prolongado en una misma postura o con movimientos repetitivos puede provocar lesiones musculares.
El asistente debe mantener una postura erguida, alternar posiciones, realizar pausas activas y evitar levantar cargas pesadas sin ayuda.
El confort ergonómico impacta directamente en la productividad y la salud.
Conocer los protocolos de emergencia es parte de la seguridad laboral.
Cada trabajador debe identificar las salidas de evacuación, los extintores y el botiquín.
En caso de accidente químico, debe enjuagarse con abundante agua y avisar inmediatamente al supervisor.
El tiempo de respuesta es clave para evitar consecuencias graves.
El cumplimiento de la legislación chilena garantiza la protección del personal:
Ley N° 16.744: accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.
DS N° 594/1999: condiciones sanitarias básicas.
DS N° 43/2016: almacenamiento de sustancias peligrosas.
Conocer estas normas permite al asistente actuar conforme a la ley y promover un entorno de trabajo seguro.
La seguridad y la higiene son responsabilidades compartidas que fortalecen la práctica profesional.
El asistente de farmacia debe ser ejemplo de prevención, orden y compromiso con la salud pública.
Su conducta responsable contribuye al bienestar de los clientes, al prestigio del establecimiento y a la sostenibilidad del sistema sanitario.