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El medicamento es un producto esencial para la salud, diseñado para prevenir, diagnosticar o tratar enfermedades. Su manejo adecuado requiere conocimientos sobre su composición, clasificación, conservación y los riesgos asociados al uso indebido.
El asistente de farmacia cumple un rol vital en garantizar que estos productos sean dispensados y conservados correctamente, asegurando la seguridad del paciente.
Se distinguen varios términos técnicos:
Fármaco: sustancia química con efecto biológico sobre el organismo.
Medicamento: producto farmacéutico que contiene uno o más fármacos con el fin de producir un efecto terapéutico.
Principio activo: componente responsable de la acción terapéutica.
Excipiente: sustancia sin efecto farmacológico que facilita la administración o conservación del fármaco.
El dominio de estas definiciones permite al asistente de farmacia comprender la estructura básica de los medicamentos y su función terapéutica.
El principio activo determina la acción terapéutica. Dos medicamentos distintos pueden tener igual principio activo, aunque diferentes nombres comerciales.
Por ello, el asistente debe saber identificarlo en el envase o prospecto, para orientar correctamente a los clientes y evitar confusiones entre productos genéricos y de marca.
Los medicamentos se agrupan según su forma, función y condiciones de venta:
a) Formas farmacéuticas: sólidos (comprimidos, cápsulas), líquidos (jarabes, soluciones), semisólidos (cremas, ungüentos) y gaseosos (aerosoles).
b) Acción terapéutica: analgésicos, antibióticos, antihipertensivos, antidepresivos, entre otros.
c) Condición de venta: medicamentos de venta libre y medicamentos con receta médica.
Esta clasificación facilita la correcta identificación y dispensación en el entorno farmacéutico.
El uso racional de medicamentos busca asegurar que cada paciente reciba el fármaco adecuado, en la dosis y tiempo correctos.
El asistente debe:
Verificar siempre la información del envase.
Revisar la fecha de vencimiento.
Asegurar que el medicamento corresponda a la receta.
Prevenir la automedicación y las interacciones innecesarias.
Una dispensación responsable previene efectos adversos y mejora los resultados terapéuticos.
El mantenimiento de las condiciones adecuadas garantiza la estabilidad del producto.
El asistente debe controlar temperatura, humedad y exposición a la luz, además de separar los medicamentos vencidos.
El incumplimiento de las condiciones de almacenamiento puede alterar la efectividad y seguridad del medicamento, generando pérdidas económicas y riesgos sanitarios.
La farmacovigilancia se encarga de detectar, evaluar y prevenir efectos adversos relacionados con el uso de medicamentos.
El asistente tiene el deber de informar al químico farmacéutico sobre posibles reacciones adversas observadas o comunicadas por los clientes, contribuyendo a la seguridad del tratamiento y a la mejora de los registros nacionales del Instituto de Salud Pública (ISP).
Son productos que pueden adquirirse sin receta médica y que tratan síntomas leves.
Aunque se consideran seguros, su abuso o combinación con otros medicamentos puede generar efectos indeseados.
El asistente debe informar sobre dosis, frecuencia y duración del tratamiento, y recomendar la consulta médica si los síntomas persisten.
Son aquellos que requieren prescripción profesional debido a su potencial riesgo o necesidad de control.
El asistente debe verificar la validez de la receta, la dosificación y las condiciones de entrega.
El incumplimiento de estas normas puede derivar en sanciones legales y consecuencias para la salud del paciente.
El manejo profesional de medicamentos requiere conocimiento técnico, ética y responsabilidad.
El asistente de farmacia debe garantizar un uso racional, seguro y conforme a las normas sanitarias, actuando como un apoyo confiable dentro del equipo de salud.
Su labor contribuye directamente a la protección del paciente y al fortalecimiento del sistema farmacéutico.